2.06.2007

>> extractos

Para el regreso les dejo unos textos del genial Eduardo Galeano, del libro: " el Libro de los Abrazos". Disfrutenlos.

EL PARTO

Tres dias de parto y el hijo no salia:
--Tà trancao. El negrito tà trancao-- dijo el hombre.
Él venía de un rancho perdido de los campos.
Y el médico fue.
Maletín en mano, bajo el sol del mediodía, el médico anduvo hacia la lejanía, hacia la soledad, donde todo parece cosa del jodido destino; y llego y vió.
Después se lo contó a Gloria Galván:
-La mujer estaba en las últimas, pero todavía jadeaba y sudaba y tenía los ojos muy abiertos. A mí me faltaba experiencia en cosas así. Yo temblaba, estaba sin un criterio. Y en eso, cuando corrí la cobija, ví un brazo chiquitito asomando entre las piernas abiertas de la mujer.
El médico se dio cuenta de que el hombre había estado tirando. El bracito estaba despellejado y sin vida, un colgajo sucio de sangre seca, y el médico pensó: No hay nada que hacer.
Y sin embargo, quien sabe por que, lo acarició. Rozó con e dedo índice aquella cosa inerte y al llegar a la manito, súbitamente la manito se cerró y le apretó el dedo con alma y vida.
Entonces el médico pidió que le hiervan agua y se arremango la camisa.


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EL SISTEMA/3

Quien no se hace el vivo, va muerto. Estás obligado a ser jodedor o jodido, mentidor o mentido. Tiempo del que me importa, el qué le vas a hacer, el no te metas, el sálvese quien pueda. Tiempo de los tramposos: la producción no rinde, la creación no sirve, el trabajo no vale.
En el Río de la Plata, llamamos bobo al corazón. Y no por que se enamora: lo llamamos bobo por lo mucho que trabaja.


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CELEBRACIÓN DE LA DESCONFIANZA.

El primer dia de clase, el profesor trajo un frasco enorme:
--Esto está lleno de perfume—dijo a Miguel Brun y a los demás alumnos--. Quiero medir la percepción de cada uno de ustedes. A medida que vayan sintiendo el olor, levanten la mano.
Y destapó el frasco. Al ratito nomás, ya había dos manos levantadas. Y luego cinco, diez, treinta, todas las manos levantadas.
--¿Me permite abrir la ventana, profesor?—suplicó una alumna, mareada de tanto olor a perfume, y varias voces le hicieron eco. El fuerte aroma, que pesaba en el aire, ya se había hecho insoportable para todos.
Entonces el profesor mostró el frasco a los alumnos, uno por uno. El frasco estaba lleno de agua.